Veintidos de diciembre… ya no cabe duda, nos hemos adentrado en el peligroso territorio “fiestas navideñas”.
Esa musiquilla “ninonaniii naniiinooooo” es la segunda o tercera señal inequivoca de que las Navidades ya han comenzado y no hay vuelta atrás. Las dos primeras son tan claras como que lo dice El Corte Inglés y Telecinco emite por enésima vez en la sobremesa de un fin de semana El Secreto de la Pirámide.
Sí! Las pascuas han llegado: cenas y almuerzos de empresa, horribles gorros rojos colocados en el reposacabezas de los coches.
Este año no he jugado nada a la Lotería de Navidad… sólo se que si hubiera jugado, al menos me habria tocado el reintegro, me gusta el cinco. De todos modos ya me tocó mucha lotería: laboral y emocional.
Esta noche, si Neptuno lo permite, mi hermana y yo nos embarcamos para salir de la roca, se va a mover, lo sé y además saldrá con retraso… Ayyy! Da igual, la cosa es que lleguemos a la Península para estar con los amigos y los familiares.
Nos vemos por la piel de toro!











